¿Ya hemos despertado al fin al horror sin límites de nuestro siglo atroz ?
¿Qué nos queda a los apesadumbrados, aparte de los ayes sofocados y la estupefacción brutal que nos hunde en nuestras mullidas butacas? ¿Qué excusa calzará mejor a nuestro futuro improbable y nuestra réproba consciencia? ¿Qué droga o inteligencia artificial nos librará de lo que vimos y toleramos y callamos? ¿Habrá adormidera suficiente para todo este fétido Weltschmertz, lágrimas para el ubicuo incendio?
Desmesurados son los ojos abiertos de la lucidez, inyectados de terror y veneno por igual, y la espesa rabia sobre sus cornisas nos impide cerrarlos a placer cual hocico de cobra, pues ya no añoramos ningún otro; y la poca luz nos hiere con su risa sardónica y afeites de indignación de entremés: por allá sangre, acullá plañidos, y scroll down y a lo que sigue: la anestésis es nuestra hostia consagrada y comunión que satisface la voracidad de la entraña...
Pero los sermones son cosas de beatas de iglesia de rancio aliento, sin cabida en el ebrio aleteo de polillas alrededor de la pira que nos devora las alas enseguida del alma: pero el alma nunca fue, leyenda helena que al paladar sabe a caramelo: y en esta nuestra necrótica y nubil noche nos casamos con el espejo: el vado ahogándose en Narciso. Mas qué importa, en calendas a caballo en lo ahíto e insatisfecho... Hemos dádole espanto y puños en la espalda al redentor que alguna vez esperamos, flotando en el vacío interestelar en nuestra roca yerma y tenebrosa, empero somos seres felices, pues creemos ser estrella.
Implosionemos de regocijo de una puta vez...
No hay comentarios:
Publicar un comentario