cuando los dolores específicos
cedieron a los generales
y cósmicos
e inequiparables
cuando el derrumbamiento celular
dio paso al cáncer
–que crece y crece y crece,
en "loop" desquiciado
y yo, yo
me desfundaba sobre la realidad
en vómito inaudible
sobre mí mismo
llegando al ser,
maldito
o bendito Ser.
Me di cuenta que soy Poeta
cuando masticaba ardientes
los clavos ferrosos al rojo
y crié un avispero
sobre mis hombros pegajosos
y las palabras
miel amarga fueron
y mis segundos
perico blanco y salpicado
y las nubes tálamo inaudible.
Pero el Sueño, oh,
torniquete.
Me di cuenta que era Poeta
cuando los libros
resbalaban por mis dedos
como manteca
y mi interés volaba al inmarcesible mar
pájaro ráudo y recalcitrante al fin.
Y también me di cuenta que lo era, Poeta
lleno de lagañas en los ojos
como potencias del ser
cuando cierta fiebre atroz
amarilla y pujante
se adueñó de fibras y tendones
y yo pateaba
como en el vientre
luchando por salir de los lagrimales
en vez del ácido útero...
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