jueves, 26 de febrero de 2026

testimonio

¿Ya hemos despertado al fin al horror sin límites de nuestro siglo atroz ?
¿Qué nos queda a los apesadumbrados, aparte de los ayes sofocados y la estupefacción brutal que nos hunde en nuestras mullidas butacas? ¿Qué excusa calzará mejor a nuestro futuro improbable y nuestra réproba consciencia? ¿Qué droga o inteligencia artificial nos librará de lo que vimos y toleramos y callamos? ¿Habrá adormidera suficiente para todo este fétido Weltschmertz, lágrimas para el ubicuo incendio?
Desmesurados son los ojos abiertos de la lucidez, inyectados de terror y veneno por igual, y la espesa rabia sobre sus cornisas nos impide cerrarlos a placer cual hocico de cobra, pues ya no añoramos ningún otro; y la poca luz nos hiere con su risa sardónica y afeites de indignación de entremés: por allá sangre, acullá plañidos, y scroll down y a lo que sigue: la anestésis es nuestra hostia consagrada y comunión que satisface la voracidad de la entraña...
Pero los sermones son cosas de beatas de iglesia de rancio aliento, sin cabida en el ebrio aleteo de polillas alrededor de la pira que nos devora las alas enseguida del alma: pero el alma nunca fue, leyenda helena que al paladar sabe a caramelo: y en esta nuestra necrótica y nubil noche nos casamos con el espejo: el vado ahogándose en Narciso. Mas qué importa, en calendas a caballo en lo ahíto e insatisfecho... Hemos dádole espanto y puños en la espalda al redentor que alguna vez esperamos, flotando en el vacío interestelar en nuestra roca yerma y tenebrosa, empero somos seres felices, pues creemos ser estrella. 
Implosionemos de regocijo de una puta vez...

martes, 3 de febrero de 2026

Poema

Ahora:
¿Quién fue la maldita
quien dejó tras paso trémulo
mi corazón de arena

y mi pulso de felino
sofocado
en esta noche sin fin,
inaudita y despoblada?
¿Quién? Para tatuar su puerta
con los sigilos de mi desprecio...

poema

Me di cuenta que era Poeta
cuando los dolores específicos 
cedieron a los generales
y cósmicos
e inequiparables 

cuando el derrumbamiento celular
dio paso al cáncer 
–que crece y crece y crece,
en "loop" desquiciado 

y yo, yo
me desfundaba sobre la realidad
en vómito inaudible 
sobre mí mismo 
llegando al ser,
maldito 
o bendito Ser.

Me di cuenta que soy Poeta
cuando masticaba ardientes 
los clavos ferrosos al rojo
y crié un avispero
sobre mis hombros pegajosos
y las palabras 
miel amarga fueron 

y mis segundos
perico blanco y salpicado
y las nubes tálamo inaudible.

Pero el Sueño, oh,
torniquete.

Me di cuenta que era Poeta 
cuando los libros 
resbalaban por mis dedos
como manteca
y mi interés volaba al inmarcesible mar
pájaro ráudo y recalcitrante al fin.

Y también me di cuenta que lo era, Poeta
lleno de lagañas en los ojos
como potencias del ser
cuando cierta fiebre atroz 
amarilla y pujante
se adueñó de fibras y tendones

y yo pateaba
como en el vientre
luchando por salir de los lagrimales
en vez del ácido útero...